La estúpida izquierda que veo

Disclaimer: Artículo político, si no comulga con mi ideología, o es de los que se indigna pero pasa de ir a votar… me la pela su enfado, puede ir a sitios que le resulten más de su agrado.

“Vaya mierda de sociedad estamos dejando” (si, así sin anestesia ni nada): esta ha pasado a ser mi frase recurrente cada vez que decido hablar o informarme sobre política en el último año. Y no es para menos, ya que cada vez que enciendo la tele e intento informarme, la mayor parte de la información está sesgada o directamente manipulada en beneficio de unos pocos.

Pero claro, ¿¡Cómo puedo decir eso en la época de la mayor libertad de expresión e información de la historia!? No cabe en la cabeza de la sociedad actual que eso ocurra en países “democráticos”, eso es más de aquellos países dictadores y con una fuerte ideología cercana al comunismo. Esos si que son peligrosos, ¿Verdad?

Realmente, no todo es tan blanco o tan negro. Por desgracia este pensamiento se ha expandido y convertido en una especie de “mantra” que todo el mundo repite, aunque no se informen sobre política más allá de lo que diga la tele, el periódico, o Facebook…

¿Y quienes son los culpables de esta situación? Nosotros obviamente, pero si que debería hacer un hincapié en quienes somos “nosotros”: toda aquella persona inclinada hacia un tablero más igualitario entre semejantes. Si nos tenemos que definir en el famoso espectro izquierda-derecha, seríamos los que estamos más a la siniestra.

Seguro que alguno pensará: ¿cómo vamos a tener la culpa los que buscamos derrumbar las desigualdades? ¡Disidente!

Pues francamente la respuesta se basa en dos palabras: división y egocentrismo.

División

Empezamos por el punto clásico que mejor nos define: estamos tan hartos del sistema y el poder establecido que rechazamos cualquier forma de poder que no sea de nuestra ideología específica, aunque sean partidarios de nuestros ideales.

Parece que ser hombre es incompatible con ser feminista, no ser vegano con ser animalista, tener productos modernos con ser anticapitalista, etc etc. Y eso que no hablamos de la gran frase que siempre tiene a las masas despistadas: “Mi izquierda es la verdadera izquierda”. Claro que si, campeones.

Hemos fragmentado tanto los movimientos sociales, obreros e igualitarios que nos tenemos asco entre nosotros. Y lo mejor es que esperamos de esta manera cambiar el mundo. Si, ese es el nivel de la izquierda genérica a nivel mundial en el 2017, y estos son sus resultados.

¿Tan difícil es olvidarse de divisiones y trabajar en una política con pensamiento de colmena? ¿Aún no estamos preparados para evolucionar de la izquierda trotskista, leninista, chavista, castrista, zapatista o de cualquier “ilustrado de la lucha obrera” del siglo pasado? Todos ellos aportaron en su momento grandes progresos sobre la ideología que beneficie al pueblo, pero esta claro que ni estamos en igualdad de condiciones, ni tenían la razón absoluta, ni el periodo temporal que vivimos es el mismo. Entonces, ¿Qué sentido tiene intentar aplicar esos mismos conceptos en un escenario diferente?

Vivimos rodeados de tecnología, Internet ya forma parte de toda la sociedad, tenemos pequeños cerebros en nuestro bolsillo y seguimos pensando en el líder, la figura y la obra, cuando el sistema del que rajamos está dentro de casa, de nuestra información, o de nuestros medios de comunicación. Evolucionar es ir más allá de ser feminista, antifascista, socialista, animalista o del movimiento que sea. Si no hay un nosotros sin nombres ni apellidos (en los ideales, me refiero), da igual lo que seamos, que seguiremos poniéndonos el mismo mojón de plato principal a repartir entre todos.

Egocentrismo

Más allá de la división de la izquierda, hay que entender también que la principal motivación viene dada por aquellos que se alzan como portavoces, coordinadores o dirigentes de un movimiento. Más allá de la existencia de un subgrupo ideológico, su verdadero problema radica en la plutocracia, y su afán por que solo los “pudientes” tomen el poder.

Hablo de aquellos señores a los que sus semejantes depositaron su confianza para que sean su voz, para que sean los que guían a los objetivos del grupo, o aquellos que deben velar por que dicha agrupación no desvirtúe su objetivo. Resulta lamentable que sean, por regla sistemática, estos los que callen las discrepancias de su movimiento, que guían a todos en la dirección que los beneficia a nivel personal, o desvirtúa un movimiento con el fin de aumentar lo que todos los de su estirpe buscan: El poder.

No es ni será la única ocasión en la que repita esta frase, pero es la más certera a día de hoy: El poder siempre corrompe. Desde el más joven, el más motivado, al más viejo y experimentado, siempre termina derrotando la voluntad de las personas. Somos humanos, en nuestros genes está el cometer errores, y cuando el poder te ciega, será muy fácil cometerlos.

¿Y cuál es la solución?

Resulta fácil soltar la turra de turno, pero… alguna solución habrá que dar no?

Pues solución no hay, por mucho que alguien intente vender que el cambio es posible. Con la realidad por delante: si la sociedad se niega a cambiar, no va a venir nadie a salvarla. Además, si alguien toma el poder en nombre del cambio, una cuenta atrás se pondrá en marcha automáticamente. Esa cuenta atrás es la de la fuerza de voluntad de esa persona, y cuando llegue a cero, esa persona deberá dejar el poder o el poder lo consumirá.

Y si alguien piensa que todo este razonamiento es un error lo invito a intentar unir a la clase social, obrera e igualitaria, estoy seguro que tendrá mucho trabajo por delante…

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